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Posted by Cynthia Hertfelder

¿Qué es la autoestima?                                                                                                                                                                                               

Los padres me preguntan qué han de hacer para que sus hijos tengan una mejor autoestima y yo casi me siento mal cuando les respondo que no hay vitaminas específicas para la autoestima. Que lo están haciendo bien, la mayoría de las veces; que todo es mejorable, pero que con ese hijo lo más inmediato no es la autoestima a lo mejor, sino una mayor exigencia, por ejemplo, y que eso repercutiría en una mayor autoestima. Me miran, como con pena, y siento que piensan que no les estoy entendiendo. No es sencillo, no. La autoestima es un factor decisivo en la construcción de la personalidad, pero no más importante que un buen conocimiento de sí mismo (autoconcepto) y aceptación de la propia realidad o que un clima y estilo educativos familiares adecuados, donde el cariño y la exigencia vayan de la mano.    

Los protagonistas primeros y principales de la acción educativa sobre cada niño son, por este orden, padres y profesores. Parte esencial de esa educación es el logro de una autoestima sana. Nosotros mismos, los padres, vivimos, en muchas ocasiones, dispersos, fuera de nosotros. Nuestra propia autoestima nos hace sufrir y nos genera mil dudas sobre nuestra forma de actuar y más en lo referido a las personas a las que más queremos. Es el caso de la educación de los hijos.  Como afirma Sonnenfeld, A. (2016, pág. 20), “no sabemos convivir con nuestro ser por no conocer nuestra identidad. De esta forma, cualquier acción que emprendamos se nos muestra como imposible y nos llena de inseguridad”. Polaino (2003) abunda en esta idea y reflexiona sobre cómo “uno de los problemas de mayor vigencia en la actual sociedad, no es que haya hombres y mujeres más o menos confusos y desorientados. No se trata sólo de eso. En todo caso, esta confusión será una de las consecuencias del problema que reside, principalmente, en el desconocimiento personal. La ignorancia acerca de uno mismo es incompatible con la conducción de la vida personal en libertad y hacia el propio destino.”

Se hace evidente una primera consecuencia: lo primero que hay que hacer para educar bien a nuestros hijos y que se desarrollen con una autoestima sana, es preguntarnos por nuestra propia autoestima. Afianzarla sobre bases sólidas, mirar hacia dentro de nosotros mismos y pararnos a ver todo lo bueno que tenemos y que podemos poder a disposición de los demás para crecer juntos. Los demás son siempre, en primer lugar, la pareja y los hijos; luego vendrá el resto de personas.

Dejo unas primeras reflexiones antes de seguir profundizando en este tema:

-Plantearse educar una autoestima sana en la familia es hablar de educar desde el amor, en el amor y para el amor.
-La autoestima sana pasa por conocer la capacidad de amar, experimentada desde la doble vertiente: haber sido amado y haber aprendido a amar.
-Ser persona es ser capaz de amar.